MAESTRO VICTOR RAUL HAYA DE LA TORRE:
FORJADOR DEL APRISMO
Por:
Luis Felipe Soller Rodríguez
ssoller2000@yahoo.es

“El esperanzado, forjador de realidades, es siempre
un creador, un espíritu militante de la belleza, de la bondad, de la
perfección y de la justicia”. (1).
El Maestro Víctor Raúl Haya de la Torre, se
encuentra reflejado en algunos de sus perfiles, en la cita que
recogemos del Amauta Antenor Orrego, su amigo y su hermano de ideales,
la fraternidad encarnada en vidas fecundas en lucha permanente contra
las injusticias del statu quo, levantando banderas invictas de
transformación nacional e indoamericana, que hoy vigentes enarbolan
los pueblos que siguen luchando por su liberación total, en un mundo
cambiante que confirma las líneas matrices del pensamiento
Hayadelatorreano.
“Estudiante peregrino guarda tu
esperanza”, le dijeron las juventudes uruguayas al despedirlo el año
1921, y Haya de la Torre mantuvo su esperanza hasta su último instante
de vida terrena, trasladando la misma a las juventudes y a los
pueblos, conscientes, realistas y valientes que alcanzarán los fines
que el aprismo propugna para transformar nuestra realidad injusta y
alcanzar a construir una nueva sociedad de Pan con Libertad.
Haya de la Torre, no fue un utopista, fue
un forjador de realidades, estudiando previamente la realidad peruana,
latinoamericana y mundial, para que en ese contexto, poder trazar las
líneas arquitecturales de su pensamiento, su creación heroica, la
Alianza Popular Revolucionaria Americana, que más tarde en el Perú,
dio origen al Partido Aprista Peruano.
Víctor Raúl, desde temprana edad, tuvo la
guía afectuosa de sus padres,
Un hogar democrático, que prodigaba amor a sus
integrantes y a la humanidad que los rodeaba. Su padre, un demócrata
libre pensador y su madre una devota de amor por el prójimo, que
inició a su hijo mayor en la lectura de textos bíblicos, descubriendo
Víctor Raúl la grandeza del mensaje de Jesús, la doctrina del
amor y los valores morales que ésta implica.
De la mano de sus padres, también
aprendió que todos los seres humanos eran iguales, que no tenía porqué
haber diferencias por razones económicas, raciales, sociales o
instructivas. Sus padres facilitaron su relación y comunicación con
el pueblo, lo llevaron desde niño a Huanchaco, que era una caleta
de pescadores y a Moche, zona rural, de agricultores laboriosos. Allí
Víctor Raúl entró en comunicación con ambos pueblos, anudando
amistades con los niños de su edad y observando las faenas diarias de
las respectivas sociedades.
El Maestro Víctor Raúl nos contó que en
sus caminatas por Moche, recorrió observando las huacas del Sol y de
la Luna, llenándolo de inquietudes e interrogantes las mismas, que
luego serían absueltas, en tertulia, por los viejos mocheros, después
del almuerzo campestre, relatándoles historias, que les transmitían
fuentes de la historia Mochica y Chimú, que les hablaban del genio
tecnológico de estas culturas, en su revolución agraria, a través del
uso racional e irrigado de agua, que permitían que los desiertos -
arenales fueran inmensas praderas de verdor y producción agrícola que
satisfacían las necesidades alimenticias de sus pobladores. Donde
concluyó el ciclo de su investigación fue en Chan Chan, vestigio de la
cultura Chimú.
Haya de la Torre nos dijo que aquí surgió
su idea inicial, más tarde mejor elaborada, de rescatar éste hecho
histórico, vale decir, emprender la irrigación de Chao, Virú, Moche y
Chicama, con la ayuda de la tecnología moderna, que ya tenía planes
iniciales, pero que fue levantado como bandera programática desde los
orígenes del aprismo, con el impulso de Haya de la Torre. Este
proyecto, cobraría realidad durante el primer gobierno aprista,
conducido por su querido discípulo Alan García Pérez. El Pueblo
consciente de La Libertad, se encargaría de presionar organizadamente
a los siguientes gobiernos, para continuar con su realización.
En estos años se afianza la conciencia
cultural de Haya de la Torre y su rebeldía frente al colonialismo
mental de las clases dominantes de la sociedad peruana, al ver
minimizado en sus textos escolares, la grandeza de un pueblo
prehispánico que fue para Víctor Raúl otro gran descubrimiento de la
realidad. En su libro Espacio – Tiempo – Histórico, nos habla del
ello, la constatación de la grandeza de la cultura autóctona, andina y
costeña, de la ciencia y la tecnología de aquel tiempo y de la
organización epilogal de su sociedad de bienestar, provocando su
choque con los esquemas de la cultura occidental y la formulación
consiguiente de la teoría Espacio – Tiempo – Histórico, que afirma que
no hay un centro conductor de la historia, sino que la historia es
multipolar, ni eurocentrismo ni norteamérica centrismo, todos somos
centro de nuestra propia historia. Haya de la Torre, inauguró un nuevo
enfoque de la filosofía de la historia.
Víctor Raúl, paralelamente a su
preparación académica, iba en busca objetiva de la realidad peruana,
se daba cuenta que no podía quedarse en un estudio teórico – libresco,
que tenía que recorrer el país y palpar, observar la realidad y
comunicarse con los herederos de esas grandes culturas prehispánicas.
Y así lo hace, viaja a Cajamarca, a Lima y luego al Cuzco, estudiando
allí el quechua y algo del aymara. No quiere intérpretes
intermediarios de su conocimiento de la realidad. Recorre todo el
Cuzco, Puno, ingresa al altiplano aymara en Bolivia. Retorna al Perú y
prosigue su viaje por Apurimac, Ayacucho, Huancavelica y Arequipa,
completando el estudio de la realidad peruana. Confirma la grandeza
cultural y societal de nuestro pasado autóctono y culmina su proceso
de toma de conciencia de nuestra realidad social, indignado ante la
explotación infrahumana de los herederos de nuestra cultura andina.
Ya había constatado en su Trujillo natal,
la emergencia del imperialismo en su dominio del Valle de Chicama y su
alianza con las clases dominantes peruanas, en la represión genocida
de la huelga de trabajadores de 1912, por levantar un mínimo pliego de
reivindicaciones laborales. Haya de la Torre les brinda su apoyo
solidario, llevándoles a los dirigentes obreros en prisión, con la
ayuda de su madre, los alimentos necesarios para su estancia en ese
lugar.
De otro lado, Víctor Raúl ya tenía
comunicación fluida con los dirigentes obreros, comandados por el
patriarca Julio Reynaga que se reunían en la biblioteca obrera,
cercana a la casa de los Haya de la Torre. Allí inicia sus lecturas
anarquistas, explicadas luego por sus propios amigos anarco –
sindicalistas y por su propio padre.
Alfredo Tello Salavarría, narra que el
año 1916 se acercó al Centro Universitario, donde funcionaba una
Escuela para Obreros, descubriendo que éstos escuchaban a un joven con
expresiones elocuentes y al preguntar de quien se trataba, le
respondieron que el joven profesor se llamaba Víctor Raúl Haya de la
Torre. Escuchó, que en su exposición les decía:
“La riqueza de los poderosos es material; la
riqueza de los poderosos que dominan, sojuzgan y explotan a los
trabajadores es perecedera, vale decir que se puede acabar...; en
tanto que ustedes pueden adquirir - si se lo proponen – una riqueza
mayor que no se pierde, que se acrecienta mientras más se la comparte
y que sólo puede desaparecer con la muerte. Eso es la riqueza del
saber, del conocimiento, de la inteligencia. Por todo esto nosotros
los universitarios trujillanos, hemos resuelto repartir el saber que
estamos adquiriendo en la universidad entre todos ustedes que no han
tenido la suerte de llegar a ella, para que se encuentren más
preparados para conocer sus derechos y deberes”. (2)
El maestro analiza la realidad
social y cultural de su tiempo, se da cuenta de la ignorancia
provocada por las clases dominantes, para que la población no llegue a
darse cuenta de las razones de su situación de explotación y pobreza,
sin embargo comprueba que el espíritu libertario - anarquista de los
dirigentes de los trabajadores y de los trabajadores mismos, los
lleva a tomar conciencia de su situación , volcándose a la lucha
social, a través de la institución sindical y su preparación
correspondiente. Sus biógrafos nos hablan de su inclinación de enseñar
al que no sabe, desde muy tierna edad en el seno de su hogar. Así
como, su decisión de defender al más débil, cuando asume la defensa de
su condiscípulo Alcides Spelucin en su Colegio Seminario San Carlos y
San Marcelo de Trujillo, ante la agresión física de un estudiante
mayor en edad que ellos.
Haya de la Torre se da cuenta
que es necesario una revolución cultural en el país para generar
conciencia en la sociedad, entonces surge su idea de la Universidad
Popular. Señala que hay que generar conciencia, desdoblando la
palabra: CON CIENCIA. Vale decir que con la enseñanza de la ciencia,
de la técnica y de la información correspondiente, lograremos que se
forme la conciencia en la sociedad peruana.
El Centro Universitario en su
sesión de junio de 1916 había acordado, con Haya de la Torre,
organizar las universidades populares en la ciudad de Trujillo.
Más tarde como delegado de la
universidad de La Libertad, el 22 de junio de 1918, Víctor Raúl
presentó a la Federación de Estudiantes del Perú, en la ciudad de
Lima, el proyecto de creación de la Universidad Popular. El proyecto
fue paralizado, por la dirigencia reaccionaria de la Federación.
Este fracaso inicial, hace
meditar a Víctor Raúl, en la necesidad de contar siempre en la base
social, de personas convencidas del proyecto, con objetivos claros y
con una fraternidad a toda prueba, como la creada en su tierra con el
Grupo Norte. Este Grupo tiene su proceso formativo, iniciado en las
aulas del Colegio Seminario San Carlos y San Marcelo, continúa en el
Centro Universitario y el logro de la Universidad Popular y culmina
con la constitución del Grupo Norte el año 1916.
Esta tarea no la puede hacer un
hombre sólo, tiene necesidad de muchos más;
que tiene la labor de formar los
equipos de descubridores de la realidad, de cuadros conscientes de la
misión histórica, en ésta revolución cultural;
de la necesidad de que haya fraternidad y solidaridad entre los
componentes de estos equipos para lograr redimir a la sociedad.
El GRUPO NORTE, es integrado
sucesivamente por Antenor Orrego Espinoza, Víctor Raúl Haya de la
Torre, José Eulogio Garrido Espinoza, Cesar Vallejo, Alcides Spelucin,
Macedonio de la Torre, Agustín Haya de la Torre, Carlos Manuel Cox,
Federico Esquerre, Carlos Valderrama, Juan Espejo Asturrizaga, Oscar
Imaña, Julio Gálvez Orrego, Carlos B. Espinoza, Francisco Sandoval,
Alfonso Sánchez Urteaga (Camilo Blas), Eloy Espinoza, Manuel Vásquez
Díaz, Felipe Alva, Juan José Lora, Daniel Hoyle, Néstor Martos,
Leoncio Muñoz.
Estudiaban, debatían
intelectualmente, cantaban, recitaban poemas, ejercían crítica
literaria, fraternizaban. En ese escenario se recitaron los poemas de
Vallejo y Orrego facilitó la impresión de los primeros. Los
intelectuales Trujillanos se opusieron radicalmente a ellos. Entonces
Víctor Raúl escribió la comedia “Triunfa Vanidad” contra estos
intelectuales críticos a César Vallejo y en su defensa. Fue llevada a
las tablas con gran éxito. Vivieron siempre en una comunidad de
esperanza, sin traicionarse jamás.
En la celebración por la
victoria de la lista progresista para la dirección del centro
universitario de la universidad de Trujillo, en la que se encontraba
Haya de la Torre, César Vallejo brindaría por Víctor Raúl así:
“Yo poeta, brindo mi copa por
este pichón de cóndor... Yo profeta... anuncio que volará muy alto, y
será grande, grande, grande...”. (3)
Los integrantes del Grupo Norte,
chocaron contra las desfasadas convenciones y formas de la sociedad
trujillana de aquel entonces, sensibilizándose con sus problemas
sociales.
El Amauta Antenor Orrego hace su
balance reflexivo de ésta comunidad:
“En estas veladas, como he dicho
se generaba una intensa espiritualidad. Vivíamos una vida
mental realmente noble y superior. Mentes lúcidas y curiosas
todas, cada una aportaba un alcance y una luz nuevos. Así nos
reeducamos y nos adueñamos de disciplinas espirituales, que la escuela
y la universidad no nos supieron dar. Así se explica que sin cultura
previa y sin maestros, pudiéramos vivir al día con el pensamiento
contemporáneo más avanzado.
Pero esta era la faz interna,
disciplinaria y doméstica puede decirse. Nuestra vida tenía, además,
una faz expansiva contagiante, objetiva sobre el público. No
queríamos resignarnos a hacer vida de “torre de marfil” y de cenáculo.
Nos parecía mezquina, egoísta y estéril. Era preciso salir de nosotros
mismos, y salimos.
Como no éramos, como no podíamos
ser conformistas, porque hubiera sido la negación de nosotros mismos,
tuvimos que chocar con todo y con todos. Las instituciones,
los poderes públicos, las convenciones sociales, la universidad, la
plutocracia explotadora e insolente, las mentiras consagradas, las
rutinas de clase, la falta de honestidad y de honradez, el servilismo
rebajado, la expoliación del trabajador, el burocratismo, la política
profesional, la ignorancia
presuntuosa, etc., etc., hubieron de sufrir en carne viva nuestros
ataques. Por caminos invisibles y casi providenciales llegó un momento
que tuvimos la prensa en las manos. ¡Poderoso instrumento de lucha! Lo
usamos sin embargo con una probidad insospechable. En las horas de
mayor ímpetu pasional supimos guardar siempre una digna e íntegra
mesura. Los intereses, las vanidades y las rutinas heridas alzáronse
airadas ante tan resuelta actitud pugnaticia. Calumnia,
difamación, rencor, agresión material y cobarde, leyenda
oscura y nefanda a media voz. Pero la obra se hacía y nuestras
almas se templaban en el fragor. La miseria y el desprecio rondaron
alrededor de muchos de nosotros. Pero no hubo ninguna flaqueza, no se
produjo ninguna claudicación vergonzante.
Los frutos de esta empresa
idealista no es hora aún de palparlos a plenitud; sólo el tiempo se
encargará de decirlo. En una sociedad en que todo se cotizaba, se
supo por primera vez que hay algo que es inaccesible al dinero y
que es posible: vivir plenamente las ideas. Bastaría esta
lección”. (4)
Haya de la Torre que venía con
una educación e instrucción desarrollada procesalmente, como hemos
referido y con el auxilio orientador de las bibliotecas familiar y
obrera; en un continuo descubrir de realidades en una dinámica
pedagógica enseñanza – aprendizaje, con los padres, el colegio, el
pueblo trujillano, la universidad de La Libertad, el Grupo Norte. Haya
de la Torre en ese estudio progresivo de descubrir la realidad
peruana, va tomando decisiones acerca de su futuro personal. Estudia
el anarco-sindicalismo y su desarrollo en el campo obrero peruano. De
otro lado, estudia la revolución mexicana,
la primera revolución social del siglo XX, analiza las repercusiones
que tendrá la primera guerra mundial,
va captando información sobre la revolución soviética , analiza
críticamente la historia del Perú, ve con mucho entusiasmo la
reforma universitaria de 1918, surgida en la ciudad de Córdova,
Argentina.
El año 1917 viaja a Lima, conoce
y conversa amistosamente con Manuel Gonzáles Prada identificándose con
él, trabaja en el estudio jurídico de Eleodoro Romero, se vincula
inicialmente con algunos dirigentes obreros gracias a las referencias
de los obreros trujillanos, se decepciona de los docentes de la
universidad de San Marcos y de las instituciones políticas y
económicas del Perú oficial.
Viaja al Cuzco trasladando su
matrícula a la universidad San Antonio de Abad y como ya hemos visto
recorre todo el sur peruano y el altiplano boliviano, completando el
proceso de su toma de conciencia, surgiendo su decisión final de
entregarse a la lucha social para redimir al pueblo peruano.
En abril de 1918 retorna a Lima,
retomando sus estudios en la universidad de San Marcos. Reinicia una
relación fraterna con los dirigentes obreros anarco-sindicalistas,
escucha sus aspiraciones, planes de lucha reivindicativa y él los
respalda y les habla de la necesidad que los estudiantes participen en
apoyo de las mismas y les plantea su proyecto de la universidad
popular para los obreros y los sectores menos favorecidos en la
sociedad.
Luis Alberto Sánchez, nos
refiere algunos aspectos de la estancia de Víctor Raúl en Lima en los
años 1917 y 1918:
“Luego, a su covacha de
estudiante paupérrimo, en la calle de Plateros de San Agustín, 138,
frente al café Péndola. Era un cuartucho miserable, cuyas paredes sin
pintura, ni papel, mostraban la blancura de la cal. Comía cuando
tenía, cómo en restaurantes baratos, de ínfima clase, o en casas de
amigos. Y entre tanto crecía su actividad y se reunía con los
obreros. Su despego por sus amigos de la primera hora crecía cada
vez más... Haya de la Torre había cambiado totalmente su mentalidad
después de ocho meses pasados en 1917 (de agosto de 1917 a
fines de abril de 1918) en la sierra del Perú.
...El 22 de julio (1918)
murió Gonzáles Prada; y Haya de la Torre, contrito y húmedos los
ojos, acudió al cementerio en el interminable cortejo de trabajadores
manuales, más que intelectuales, que fue en pos del féretro prócer...
“En el mes que siguió a su
muerte, yo sentí hambre por primera vez – confesaba Haya de la Torre–
y comencé a comprender el dolor de los otros...”
Al intervenir en la lucha por la
jornada de ocho horas, se entregó por entero. Fue una dura brega”. (5)
La lucha social del maestro Haya
de la Torre, que se inicia con la lucha por la jornada de las Ocho
Horas de Trabajo, prosigue con la Reforma Universitaria el año 1919,
la creación de la Universidad Popular en el Congreso Nacional de
Estudiantes del Cuzco, el año 1920, la gesta de su apostolado como
maestro sublime y rector de las Universidades Populares Gonzáles Prada
en el Perú, de 1920 a 1923.
Ricardo Temoche Benites, recoge
algunos aspectos de esta lucha social:
“Entre los biógrafos de Haya de la Torre se
menciona que durante las noches del Paro (por las ocho horas), él
en compañía de Fonken, Gutarra, Nalvarte, recorre barrios obreros
invitando a los trabajadores a mantener la huelga o paralizar
labores, de manera que la profunda amistad con esos líderes de los
trabajadores no se anuda ni se perpetúa en torno de la mesa de
dirección de debates en las asambleas huelguísticas, sino que los
trabajadores encuentran por fin alguien de otra clase social, que no
sólo habla y escribe a favor de ellos sino que marcha codo a codo con
ellos en la misma acción”. (6)
Julio Portocarrero, auroral dirigente de
las primeras luchas obreras, fundador del Partido Socialista con José
Carlos Mariátegui, el año 1928, fundador del Partido Comunista con
Eudocio Ravines en 1930, luchador social, nos dice:
“Mientras tanto, en Lima sí se reunieron
delegados de las distintas fábricas para levantar el acta de fundación
de la Federación de Trabajadores en Tejidos del Perú. Ahí intervino
Haya de la Torre por la Federación de Estudiantes...
A Haya de la Torre le teníamos una
estimación muy particular. Todos nosotros le teníamos un gran aprecio;
todos, absolutamente. Desde Esther, que se encargaba de la confección
de las sábanas, cuando tuvimos el local, y le bordó los tres ochos:
ocho horas de trabajo, ocho horas de estudio, ocho horas de sueño. El
mismo Haya se refirió alguna vez a estos tres ochos, que deberían
tener presentes los trabajadores para esa conquista.
El venía con su terno negro, y en la
tarde se ponía a hacer caminatas en el terreno, así que Esther pensó
que era mejor que se sacara su saco y se preocupó de que le compraran
un overol y zapatillas. Las zapatillas que se usaban en esa época, de
esas de lona con suela de pita. Él lo tomó eso con mucho gusto, con
mucha satisfacción. A él fue el único que se le llegó a comprar ese
overol. Haya se lo ponía cuando venía de Lima y cuando nos íbamos a
comer, ya también iba con su overol puesto.
Algunas noches, cuando terminaban los
cursos en la Universidad Popular de Lima, el día sábado, un grupo de
estudiantes se sentaban por el monumento Dos de Mayo; se sentaban por
ahí, conversaban. También tuvimos ocasión de ir con Haya de la Torre y
un grupo grande a la Herradura, en noche estrellada, en noche muy
bonita, y ahí, por supuesto, pasar la noche conversando. Nos hablaba
Haya de la Torre de algo de astronomía, y nos decía, bueno, estos
luceros que ven ustedes es la constelación tal, la constelación cual,
y esta es la Osa Mayor, la Osa Menor. Claro, yo no había tenido la
ocasión de ver el cielo así, con explicaciones; a lo sumo yo había
leído a Flamarión. Pero Flamarión no me llevó a ver el cielo, sino que
me dio conocimientos de la rotación de la tierra y todas esas cosas.
Haya de la Torre también gestionó y
obtuvo de la embajada de México en el Perú, una colección completa de
los clásicos de Grecia y la trajo a la Universidad Popular de Vitarte.
Así era Haya. En otra ocasión nosotros llegamos a hacer una pachamanca
en un parral de la Rinconada para los profesores, a la que asistió
Haya de la Torre y varios profesores. Se encargó de la pachamanca
Julián Montoya y algunos otros más. Se han hecho fiestas así,
especialmente en fecha de carnavales. El profesor estaba ahí, con
cualquiera que fuera, conversando con los obreros. Había un
acercamiento, una cosa muy noble, natural; no había nada que pudiera
significar cierto distanciamiento entre el profesor y el alumno. En
ese sentido, se creó un ambiente de verdadero estrechamiento entre los
profesores y los obreros. Por eso es que Haya de la Torre tuvo tanta
acogida, debido a toda esta labor en la
Universidad Popular; en Vitarte especialmente. Tuvo una gran acogida
en el movimiento obrero. Esto demuestra como los textiles casi en
general han ido a pertenecer al Partido Aprista. Yo participé en toda
esa campaña hasta que llegó el momento en que hubo necesidad de
definir posiciones. Participé con todo interés, poniendo todo mi
esfuerzo en el desenvolvimiento de la Universidad Popular, en el
desarrollo de esa Universidad, en la amistad y el cariño que teníamos
y fomentábamos para Haya de la Torre. Haya de la Torre estaba
satisfecho de esta acogida que le brindábamos en Vitarte.
Mis relaciones con él fueron muy
estrechas, hasta el punto de que cuando él venia solo a Vitarte, lo
acompañaba a comer. No se le podía dejar solo; siempre lo
acompañábamos. Podía hacerlo cualquiera, otro miembro de la comisión
de la universidad. Podía hacerlo cualquiera, pero yo me sentía
obligado a estar con Haya de la Torre, sin ninguna reserva de mi
parte; él tampoco tenía reservas conmigo. Se le trataba como se trata
a una persona a quién se le tiene especial consideración”. (7)
De aquí, se desprende la lucha por la
libertad de conciencia, en las jornadas del 23 de mayo de 1923, el
plan para asesinarlo, su prisión en la isla de San Lorenzo, su huelga
de hambre, la huelga general convocada por todos los sindicatos y
gremios que paralizaron Lima, en protesta por su prisión, la muerte de
dos obreros en ese paro nacional, su deportación por el gobierno de
Leguia un 9 de octubre de 1923.
Otro hecho que se desprende de estos
sucesos protagonizados por Haya de al Torre desde su Trujillo natal,
es el surgimiento del antihayismo, en las clases dominantes peruanas y
en sus cómplices de ruta. Haya de la Torre progresivamente había
generado una ruptura con la clase a la que pertenecía, por los pasos
que fue dando para la liberación del pueblo peruano. Su lucha por
emancipar mentalmente al pueblo para convertirlo en agente de cambio
social, su participación activa en las reivindicaciones de los
trabajadores, sus iniciativas, convocatorias y organización de las
luchas populares, para lograr la redención del pueblo peruano. Y esto
se observa en el intercambio epistolar que sostuvo con su padre Raúl
Edmundo Haya en mayo de 1921, a propósito de las quejas ante su padre,
de un pariente de postura ultra conservadora. Haya de la Torre le dice
a su padre:
“Por eso considera gravísimo y peligroso
que yo esté de acuerdo con la idea de un mundo nuevo y renovado en que
se destruyan los bárbaros desequilibrios que hoy sirven de base a la
sociedad y tiendan todos los hombres a la aspiración de la
humanidad fraternal en que impere después de tantos siglos la
frase aquella de Jesús a la que todos los cristianos faltan:
“Amaos los unos a los otros”.
Pensar en estas cosas, hacer de ellas
profesión de fe, aspirar a coadyuvar en cualquier forma a impulsar a
los hombres hacia esos ideales que solo declaren “odio al odio”,
es noble y santo. Yo no me arrepiento
de sentirme devoto decidido de estos anhelos, después de haber
sufrido, siempre solo, de haber llegado al dolor antes
insospechado para mí de no comer y al recordar que muchos
hombres sufren siempre como sufrí yo un breve período y que hay que
ser soldado en las filas que lleven la condena de acabar con los
dolores que la injusticia de los propios hombres ha creado.
Por eso es que mi primera forma de acción
es la propagación de la cultura. Hay que socializar los
conocimientos y elevar el nivel espiritual de los hombres. Yo sé
que no todos los hombres tienen idénticas aptitudes intelectuales,
pero estoy con la tesis moderna de que cada hombre tiene un talento
especial y grande para algo. Sólo falta elevar y dignificar todas las
funciones de la vida dándole el mérito que tiene junto al médico que
cura, el albañil que construye, el pintor que decora, el maquinista
que dirige y el basurero que asea; todos son indispensables igualmente
en la vida y sólo falta hacerlos dignos de sí mismos y elevar a un
racional paralelismo todos los méritos que cada hombre encierra en la
dirección de su vida, sea cual sea el trabajo que ejecute. Los
desniveles sociales los ha creado la deficiencia en la educación que
no se preocupó de descubrir “el encanto de cada vida” y
vigorizar la orientación vocacional, que todos tenemos espontáneamente
generada en nuestra conciencia y que los más de las veces permanece
secreta e ignorada y muere con nosotros sin florecer... he roto con
los parientes ricos porque son ricos, te diré que es cierto. Tú sabes
que un milenario canto índico dice: “El hombre que va en el carro
triunfal jamás será amigo del que marcha a pie “. Me acojo al
principio inmortal y prefiero sinceramente unirme a los pobres como
yo, a los que tenemos causa y dolores comunes”. (8)
Tenemos que señalar, que semanas después
de esta comunicación epistolar, Víctor Raúl viajó a Trujillo,
alojándose en la casa paterna por varias semanas. El amor mutuo que
se tributaban Haya de la Torre con sus padres se mantuvo hasta que
éstos exhalaron sus últimos suspiros. Lo respaldaron con toda entereza
en su lucha aprista y en su respaldo reivindicativo por la liberación
del pueblo peruano.
Haya de la Torre había viajado invitado a
un congreso estudiantil, auscultando la realidad de parte de Latino o
Indoamérica, desde fines de enero hasta inicios de junio de 1922 ,
recorriendo por tierra los territorios de Bolivia, Argentina, Uruguay
y Chile. La vinculación con las organizaciones estudiantiles, de
trabajadores, manuales e intelectuales, personalidades importantes,
engrandecieron su visión unionista de América Latina o Indoamérica,
frente a los peligros y asechanzas del imperialismo. Años más tarde en
octubre de 1923, al ser deportado por la dictadura leguiista, lleva
este mensaje y el de la Universidad Popular, a Panamá, Cuba y México.
Julio Antonio Mella, fundador junto con
Haya de la Torre, de la Universidad Popular José Martí en Cuba, más
tarde fundador del partido comunista; presenta sus impresiones sobre
la presencia de Haya de la Torre en la Habana:
“Pasó entre nosotros, rápido y luminoso,
como un cóndor de fuego marchando hacia los cielos infinitos.
En su breve estancia se nos presentó; ora
como un Mirabeau demoledor con la fuerza de su verbo de las eternas
tiranías que el hombre sostiene sobre el hermano hombre, ora como el
Mesías de una Buena Nueva que dice la palabra mágica de esperanza, ora
como el camarada jovial, casi infantil, de alma pura e ingenua que lo
entrega todo en aras de la amistad.
Tenía la eterna inquietud de aquellos que
sintiendo el fuego sacro de un ideal saben que tienen la misión divina
de arder para dar luz y calor a los humanos, como los soles, centro de
los sistemas, que temen consumirse pues con ellos perecerían los
mundos a pesar de saber que al dar luz y calor lo hacen a costa de la
propia existencia.
Así el genio, así él....
Como Haya debió ser Martí; el mismo amor,
la misma consagración al ideal, el mismo espíritu de combatividad
serena, pero agresiva y enérgica, igual desprecio a los placeres, a
las comodidades, a la vida misma”. (9)
Y en México, el 7 de mayo de 1924 Haya de
la Torre fundó la ALIANZA POPULAR REVOLUCIONARIA AMERICANA, entregando
la emblemática bandera a las juventudes mejicanas. Por varios meses,
trabajando con el encargado de la Cartera de Educación, José
Vasconcelos, recorre territorio mejicano, estudiando la Revolución
Mejicana y los aportes que brindaba para Indoamérica.
Luego viaja a los Estados Unidos de
Norte América, para conocer al imperio por dentro.
Posteriormente viaja a Rusia estudiando la experiencia soviética.
Allí se convence que Indoamérica, sin alejarse de la meta por la
justicia social, tiene que forjar su propio camino, su autonomía
vinculada a sus condiciones propias.
Allí las privaciones de los años
precedentes, se agudizan minando su organismo con una severa
tuberculosis, que por recomendación de los médicos rusos se ve
obligado, por el invierno que se avecina a abandonar territorio
soviético, después de meses de estancia, con dirección a Suiza, en
donde la fraterna colaboración del Premio Nobel de Literatura de 1915
Romain Rolland, de nacionalidad francesa, lo instala en la mejor
clínica de tratamiento de esa enfermedad. Recuperado, luego de un
tiempo, inicia la tarea de estudiar economía y antropología en Londres
y Oxford, relacionándose con los dirigentes laboristas y con la
intelectualidad inglesa. Recorre parte de Europa difundiendo el
naciente ideario aprista, organizando las células apristas en varios
países del continente.
Participa en el Primer Congreso
Antiimperialista de Bruselas el año 1927, en donde plantea su
tesis de los cuatro sectores de expansión imperialista en
Latino-Indoamérica; el rol unitario de los intelectuales, los
estudiantes y la clase media en el frente único de trabajadores
manuales e intelectuales, compuesto por organizaciones obreras,
campesinas y de clase media; se acuerda postular la unión política y
económica de América Latina o Indoamérica.
Romain Rolland, en epístola del 15 de
marzo de 1926, le alcanza a Víctor Raúl estas impresiones:
“Nuestro fin, nuestra suerte, es el
combate por la vida contra la muerte, - por lo justo, por lo bello,
por la verdad, por todas las potencias de la luz. Yo veo la historia
humana como un combate perpetuo por arrancar al hombre del abismo de
la bestialidad, de la nada que le acecha, y a donde caería sin la
tensión suprema de los músculos y de las almas de algunos que le
invitan para ascender siempre hacia el sol. Y tú “hijo del sol”,
consciente de tus orígenes, arrastras penosamente en tu ascensión
hacia él, al racimo de tu pueblo caído en el fondo de la noche, - .
Lo que se acerca a ti es un duro destino, pero comprendo que por
ningún otro lo quisieras cambiar”. (10)
Romain Rolland, le anunció a Haya de la
Torre, un duro destino y así fue. Y junto al suyo, el padecimiento
heroico del pueblo que lo acompañó lealmente durante su vida terrena.
Y más allá de su existencia física, en su ejemplo y en su obra por
continuar.
Fundada el APRA, pronto las células
apristas nacionales se fundaron en casi todos los países de
Indoamérica. En el Perú se fundó el 20 de setiembre de 1930.
Iniciándose la gran epopeya del pueblo peruano, por su transformación
nacional para alcanzar una nueva sociedad de pan con libertad. Poco
después surgiría en el país una alianza antiaprista, que combatiría a
sangre y fuego al aprismo.
Sin embargo, en el Pueblo Aprista
que combatía heroicamente por sus ideales superiores, surgiría la
fraternidad mística que superaba todos los sinsabores humanos,
exaltando sus más puros sentimientos y valores. En la noche del 21 de
febrero de 1933, cerca al 22, cumplía 38 años Haya de la Torre, preso
e incomunicado en la penitenciaria de Lima, ubicada en los terrenos
que hoy día ocupa el Centro Cívico de Lima, al frente del Palacio de
Justicia, escuchaba la salva de cohetes que hacían estallar los
militantes apristas perseguidos por la tiranía. Se iluminaron los
cerros en todo el país. Así surgió el día de la fraternidad que se
celebró en los años siguientes de persecución genocida. Recién en el
año 1946, el pueblo que había rescatado su libertad pudo reunirse
libremente en el viejo estadio nacional de Lima, instituyéndose el Día
de la Fraternidad a través de la bella oración que pronunció el líder
aprista Manuel Seoane Corrales.
Denis Sulmont, sociólogo francés, nos
dice:
“El aprismo nació entonces... como el
populismo de sectores medios... y sectores obreros y populares, cuyas
aspiraciones de desarrollo nacional y cuya lucha
antioligárquica y antiimperialista implicaban un enfrentamiento
radical contra la casi totalidad de la burguesía operando en el
Perú.
Las clases dominantes peruanas se
dieron cuenta del carácter radical de las alternativas que se
presentaban... y se agruparon casi monolíticamente en contra del
APRA. Esta misma razón explica también que el movimiento obrero
peruano pudo identificarse tan profundamente con el APRA.
... El crecimiento del Partido Aprista
(principal partido de masas del país) y su programa de acción
inmediata atemorizaron fuertemente a los sectores de derecha... el
diario El Comercio llevó una campaña muy violenta contra el aprismo,
identificándolo con el comunismo”. (11)
El Partido Comunista Peruano fue aliado de las clases dominantes
peruanas, en su lucha sin cuartel contra el aprismo, así lo confirma
Jorge del Prado, líder histórico y secretario general del Partido
Comunista por muchos años:
“Frente a Haya de la Torre, estaba
Sánchez Cerro. Lo lógico, desde el punto de vista marxista, hubiera
sido centrar los fuegos contra el enemigo principal que era Sánchez
Cerro, quien representaba a la oligarquía más reaccionaria. Ravines
rechazó esa invitación y publicó en El Comercio un manifiesto que
terminaba diciendo: “Contra el APRA libraremos la batalla final”; es
decir que se frustro la oportunidad de formar un frente contra nuestro
principal enemigo... eso se subestimó por una posición sectaria”. (12)
A partir de diciembre de 1931 se
desencadenó una persecución contra el movimiento aprista. Muchos
integrantes de éste fueron eliminados físicamente otros fueron a
prisión y el mismo Haya de la Torre se salvó de una celada de los
esbirros de la dictadura, para asesinarlo. Haya de la Torre tuvo que
viajar a Lima, en forma clandestina. Se inauguró un período de
barbarie de casi dos años de duración,
la Célula Constituyente Aprista fue expulsada del Congreso en febrero
de 1932. Haya de la Torre fue capturado el 6 de mayo de 1932.
El pueblo insurgió, se levantó parte de la escuadra naval, fueron
reprimidos y fusilados ocho marineros. El 7 de julio de 1932
se levantó revolucionariamente el heroico pueblo de
Trujillo triunfando inicialmente el pueblo liberteño. El jefe de
esta revolución, Manuel “Búfalo” Barreto, sucumbió en los
inicios de la insurgencia, asumiendo la conducción el joven profesor
Alfredo Tello Salavarria. Fue combatida por las fuerzas
represivas por aire mar y tierra. La heroicidad del pueblo
trujillano ha sido descrita por innumerables escritores en libros
de época. Se inicia en el país un proceso de levantamientos populares
que concluye en su primera etapa a fines del año 1933. En el año 1934,
se vuelve a reiniciar la persecución genocida contra el aprismo. En
esta fuerte lucha clandestina, Haya de la Torre es el conductor de la
misma, lo acompañan dirigentes populares y jóvenes de la recién
creada, Federación Aprista Juvenil. Empero, ante el riesgo que
Haya de la Torre pierda la vida en esta lucha, nombra en vida a un
sucesor, que podría asumir la jefatura del aprismo, en caso de
fallecimiento de Víctor Raúl. Se trata del líder y dirigente obrero
Manuel Arévalo Cáceres, que tiene bajo su responsabilidad la lucha
clandestina en todo el norte del Perú. El 15 de febrero de 1937 es
asesinado por los sicarios de la tiranía de Benavides, Manuel Arévalo
quien pasa a la inmortalidad como un héroe civil paradigmático, para
todos los luchadores sociales del Perú y de Indoamérica.
Guillermo Hoyos Osores, político
conservador peruano, ex diplomático, explicaría el año 1969, lo
siguiente:
“Para entender tal fijación del rencor
hay que remontarse nuevamente a los primeros tiempos del Partido
Aprista Peruano.
La aparición de éste entusiasmó a buena
parte de la juventud peruana y aún de la América Latina. Su
lenguaje era nuevo y ardiente. Tronaba contra el egoísmo y la
poltronería de una sociedad petrificada. Exigía justicia social,
reforma agraria, redención del indio y anunciaba premonitoriamente la
integración de América Latina. No se puede negar la fuerza de este
mensaje, ni el destacado que le corresponde al APRA en la historia
de las ideas políticas americanas. Lograron además sus fundadores
crear en breve tiempo una organización tan sólida, que no han podido
quebrantarla ni la ceñuda persecución de los dictadores ni el paso del
tiempo. Hay un antiaprismo irreductible, de apasionamiento
africano, que no admite la menor concesión, ni siquiera puramente
formal, al enemigo.
Todo lo que haga el APRA en grande
o pequeño es abominable. Para los que así piensan el 30 por ciento de
los ciudadanos con derecho a voto – los apristas – deben estar fuera
de la ley. El que trate con ellos incurre en anatema. Es una tesis
segregacionista semejante del apartheid sudafricano; es la guerra
civil como doctrina”. (13)
El general Juan Velasco Alvarado, jefe
del gobierno militar en su primera fase (1968 –1975), señalaría en una
entrevista:
“Mire nomás el caso de los ex
propietarios de “El Comercio”, que por décadas azuzaron el
odio y el enfrentamiento entre peruanos, que aplaudieron
dictaduras antipopulares, que apoyaban jubilosos actos indignos y
lesivos contra un partido político estimulando, inclusive que
se les reprimiera y persiguiera... Y ahora resulta que se han
convertido en paladines, como se dice, de los derechos humanos y de la
democracia ¡Cuando ellos fueron más que nadie, los encargados de
avivar pasiones y enfrentamientos¡”. (14)
El general Francisco Morales Bermúdez
Cerruti, jefe del gobierno militar en la segunda fase (1975 –1980),
manifestó en una entrevista, su opinión acerca del otorgamiento de la
ORDEN DEL SOL DEL PERU al maestro Haya de la Torre:
“Haya de la Torre es lo que yo
llamo uno de los prototipos de los paradigmas de la vida
nacional.
...A Haya de la Torre, quiso el
gobierno hacerle un homenaje a su persona a lo que Haya había
significado en la vida política del Perú y al propio sacrificio
de haber conducido la Asamblea Constituyente, cosa no sólo
valiosísima para su persona, sino para la historia misma, porque es un
caso único en la historia de América, en el que convivieron un
gobierno de facto con una Asamblea absolutamente democrática”. (15)
Maestro por excelencia, formó a
cientos de miles de jóvenes y trabajadores en siete décadas. En la
etapa cenital de su existencia Haya de la Torre siguió actuando como
lo hizo toda su vida, su andadura existencial continuó la misma línea
de su juventud, nosotros sus últimos discípulos podemos dar fe de
ello.
Las jornadas de trabajo concertador de Víctor Raúl
en la Asamblea Constituyente 1978 –1979, uniendo comunes
denominadores programáticos, articulando personalidades
representativas del mapa político e institucional del país, generando
con tolerancia, diálogo democrático, simpatías amistosas y respeto
principista entre todos los integrantes de la Asamblea, rompiendo
barreras de incomunicación que parecían infranqueables entre
adversarios políticos con décadas de confrontación.
Haya de la Torre adquirió la dimensión de
Maestro Constituyente trasladando sus conocimientos para el trabajo
procesal de elaborar la Nueva Carta Constitucional y en su dedicación
enseñanza – aprendizaje a todos los ciudadanos o dignatarios que lo
visitaban o lo veían a través de los canales de televisión, o lo
escuchaban por las emisoras radiales.
Gestionaba la solución de problemas del
pueblo, a través de los órganos correspondientes, ejercitando la
solidaridad humana, el amor por los pobres, siendo firme en su
conducta ética moral.
Días antes de asumir la Presidencia de
las Juntas Preparatorias de la Asamblea Constituyente, Haya de la
Torre declinó la comitiva vehicular oficial, que los personeros del
Estado Peruano le ofrecieron, por la investidura que iba a tomar.
Otra decisión, que Haya de la Torre
comunicó a la Junta Directiva de la Asamblea, es que no cobraría nada
por su trabajo como Presidente de la Constituyente, porque el vivía de
su trabajo intelectual y periodístico. Sin embargo el tesorero de la
misma, representante del Partido Popular Cristiano, Moisés Woll, le
sugirió a Víctor Raúl que cobrara una cifra mínima, para que su nombre
apareciera en los registros de la Asamblea Constituyente.
El Maestro Haya de la Torre, aceptó
señalando como su emolumento mensual la cantidad de UN SOL.
INMENSO EJEMPLO PARA EL
PUEBLO DEL PERU Y BRILLANTE LEGADO PARA LA JUVENTUD DE TODOS LOS
TIEMPOS.
El mejor testimonio de su
grandeza, su vida franciscana ejemplar, su pobreza económica durante
toda su vida, su millonario capital afectivo en el Pueblo Peruano, su
lealtad insobornable a la causa de la libertad y la justicia social.
Si Haya de la Torre hubiera
torcido su camino, abdicado de su misión, claudicado o negociado a
favor de los intereses del imperialismo y de las clases dominantes del
Perú, estoy seguro que muchas veces estas oscuras fuerzas hubieran
respetado sus legítimos triunfos electorales y habría sido por
consiguiente, varias veces, Presidente del Perú. Pero, como eso no fue
así, manteniéndose leal y consecuente con su pueblo, entonces el odio
cainita de la más baja estofa se ensañó contra Haya de la Torre; el
directorio del antiaprismo decretó su liquidación física y moral.
Empero, el Pueblo lo
siguió respaldando y Víctor Raúl siguió ejerciendo su misión sublime,
redimir al pueblo, consiguiendo algunos logros y realizaciones. Vamos
a señalar como uno de los ejemplos de su obra la transformación
cultural del país, desde su misión apostólica en las Universidades
Populares Gonzáles Prada en los primeros años del siglo 20 hasta la
obtención de dos logros importantes, con la aprobación de la Ley de
Gratuidad de la Enseñanza en todos los niveles de 1964 y el Capítulo
IV del Título I, DE LA EDUCACION, LA CIENCIA Y LA CULTURA, en la
CONSTITUCION POLITICA DEL PERÚ DE 1979, CONSTITUCION DE HAYA DE
LA TORRE, que tiene que volver a regir en el país.
El sacerdote José
Lefebvre Francour, canadiense, Párroco de Moche, en una entrevista nos
dice:
“Ha sido para mí una
gracia el haber tenido el privilegio de conocer en vida al doctor Haya
de la Torre, en quien he reconocido desde el primer momento un alma
sincera y pura. He podido captar esa sinceridad en la chispa de su
mirada.
Muchos han dicho que Haya de al
Torre habría venido a Moche (el año pasado en octubre) a recoger sus
pasos. La verdad yo creo que él ha venido más bien a pisar y dejar
unas huellas imperecederas por el hecho de que su presencia aquí ha
sido una presencia, más que cordial, ha sido una presencia espiritual.
Y el espíritu no se recoge así como se recogen los pasos. El espíritu
existe más allá de la tumba.
He tenido mucho gusto de
conocerlo en los últimos tiempos, quizá, en donde se expresaba en su
sencillez una síntesis de una vida integral de lucha.
Mi
deseo sería de qué personas así como Haya de la Torre, sean más
apreciadas en vida por cuanto un país necesita valorar a quienes
pueden ser paradigmas y ejemplos. En ese sentido he tenido el gusto de
conocer y apreciar al hermano Haya de la Torre, en quien he
reconocido su amabilidad su humanidad, su sencillez y su entrega al
país, patentizada para muchos en el ejercicio de la Presidencia de la
Asamblea Constituyente, en donde no se dejó llevar por la pasión
sino por la razón.
Ha sido una luz no sólo para
el Perú sino para todo el mundo, que en
él encontrará su esperanza. En ese sentido he tenido mucha
satisfacción de conocerlo y tratarlo y siempre lo recordaré como un
hombre grande”. (16)
Cuando partió a la eternidad,
todo el pueblo peruano se conmocionó y
lo acompañó con todo fervor a su última morada terrena. Se le
tributaron honores militares, como se hizo al ingresar por primera vez
a la Asamblea Constituyente, y todos los días, en su labor como
presidente. Haya de la Torre se convertía en el PARADIGMA NACIONAL DE
TODOS LOS PERUANOS.
El año 1985, el aprismo llegó al
gobierno por primera vez, en una coyuntura favorable, con Alan García
Pérez como Presidente de al República, inteligente discípulo de la
última promoción forjada por Haya de la Torre.
Sin embargo, en los últimos años
de la década de los ochenta, toda la década de los noventa y en los
primeros años del siglo XXI asistimos a un plan continuado y renovado
del antiaprismo de todos los pelajes, que buscan nuevamente la
liquidación del partido aprista. El directorio del antiaprismo, aliado
al gobierno corrompido fujimorista, sentenciaron el fin del aprismo y
de su líder principal Alan García, fracasando en su intento.
El país seguía inmerso en una
crisis generalizada, sin solución adecuada.
Los partidos políticos, las
organizaciones gremiales y sociales disminuyeron su presencia
nacional. El aprismo acosado, pero combatiendo la dictadura, se vio
inmerso en la crisis, sus dirigentes de aquellos años cometieron
errores de conducción. No recordaron el viejo apotegma que repetía
constantemente el Maestro Haya de la Torre:
“NO HAY PUEBLOS, NI MASAS BUENOS
O MALOS, HAY DIRIGENTES BUENOS O MALOS”.
El Partido llegó al fondo de su
crisis el año 2000 al obtener electoralmente, un resultado sin
precedentes en la historia del aprismo, 1.5% del electorado nacional
en la elección presidencial y cinco parlamentarios.
Recordemos otro apotegma, que
Haya de al Torre esgrimía:
“LA POLITICA SE JUZGA POR LOS
RESULTADOS”.
En enero del 2001, retornó al
país Alan García Pérez. Con un programa aprista renovado, reconstituyó
electoralmente el aparato partidario, convocando al Pueblo Aprista y
al Pueblo Peruano, llegando a obtener 28 parlamentarios en primera
vuelta y el 47% de la votación nacional en la segunda vuelta de la
elección presidencial.
Entonces en coyuntura diferente
se debió aplicar un Programa de Gobierno que sintonice con los
requerimientos del país y con las aspiraciones populares. Sin embargo,
el gobierno toledista insistió en continuar la política económica
neoliberal del fujimorismo y se encerró políticamente en una alianza
reducida de gobierno, sin convocar a todas las fuerzas políticas y
sociales participantes en el que hacer nacional.
El aprismo estuvo dispuesto a
colaborar, sin embargo fue desairado por el gobierno.
El incumplimiento de las
promesas toledistas sumado a la corrupción que brota como pus en las
esfera gubernativas y en la familia presidencial, ha dado como
resultado la dilapidación del respaldo popular que obtuvo en las
elecciones del 2001.
En encuesta de IDICE, aparecida
el 26 de enero del 2005 los ciudadanos de Lima metropolitana y el
Callao le otorgan al Jefe de Estado Alejandro Toledo el 5.3 % de
popularidad. Y ante la pregunta “¿Cree usted que el Presidente
Alejandro Toledo debería ser vacado de la Presidencia de la República?
la repuesta si, arroja el 72.7 % de opinión favorable para vacarlo”.
(17).
En los dos últimos años del
gobierno toledista, se ha mantenido esta disminuida aceptación
popular. Por ello, este gobierno se ha seguido aliando a sectores
antiapristas, con el propósito de limitar el accionar del aprismo,
socavándolo. Una maquinaria económica, política y periodística los
acompaña en esta tarea.
Mientras tanto el Partido
Aprista en su último Congreso Nacional del 2004 empieza a resolver sus
problemas internos, generando una línea democrática adecuada que
resuelva en un mediano lapso su interrelación con la sociedad peruana,
en la solución de la problemática nacional.
Pero, para la evaluación del
directorio del antiaprismo, no era suficiente lo realizado en la tarea
de demolición del aprismo, así que llegaron a la conclusión de que el
aprismo contaba con un aliado imbatible para su perennidad, la imagen
paradigmática del Maestro Víctor Raúl Haya de la Torre. Por lo tanto
había que mellar su imagen, mancillar su honor y su memoria. Y para
ello había que contratar a escribientes que desarrollaran esa negra
tarea. Por lo demás, allí estaban los medios de comunicación escrita,
radiales y televisados para propalarlos y difundirlos hasta el
cansancio. Su enseña ¡Miente, miente, que algo queda! Sin embargo
fracasarán otra vez, porque el Pueblo y su Juventud no se dejarán
engañar y mantendrán su adhesión fraternal con el Maestro Víctor Raúl
Haya de la Torre.
Sin embargo, la indignación
contenida del Pueblo Aprista, se ha expresado a través de las
declaraciones del Secretario General del PAP Mauricio Mulder Bedoya,
del pronunciamiento del Gobierno Regional de la Libertad en la persona
de su Presidente Homero Burgos Oliveros, de la reacción espontánea
sentida e indignada de la ciudadanía trujillana, de las severas cartas
de sus discípulos José Luis Delgado Nuñez del Arco y Fernando Arias
Vera, del firme pronunciamiento de la Agrupación Nacional de Abogados
Apristas que enaltece a la figura tutelar del pueblo peruano: Víctor
Raúl Haya de la Torre respaldando la reacción legítima de la
ciudadanía trujillana y la de sus dirigentes y discípulos, presentado
y sustentado por sus discípulos Oscar Oré Bazanta y Luis Felipe
Soller Rodríguez. El pronunciamiento fue aprobado por unanimidad con
la presencia de sus dirigentes e integrantes, Manuel Aguilar Bermúdez,
Luis Alvarado Contreras, Oswaldo Arroyo, Andrés Velasco,
Estela Gonzáles, Amparo Carbajal, Anabel Mostacero, Pascual Luza,
Justo Castillo, Víctor Hugo Salvatierrra, Thelmo Barba, Jesús Bonifaz,
Daniel Perle