Semblanza de un apóstol civil
Conocí al compañero José García
Zegarra un verano de 1960, acababa
de cumplir los once años y por
decisión de mis padres fui
matriculado en la academia de
ingreso a media (leáse secundaría)
del Club Infantil 23 de Mayo. A
partir de ese momento inicie una
relación con él que sólo se detuvo
cuando falleció el 21 de Febrero de
1985, aún en la plenitud de su vida.
Han pasado 21 años de aquel
infortuno momento y aún lo puedo ver
en su constante actitud diligente y
su amplia sonrisa franca y generosa
.Nunca hizo pública su enfermedad,
pero quienes estábamos a su lado
intuíamos el deterioro inevitable de
su salud, y a pesar de ello, hasta
el final siempre tuvo la palabra
sabia y reconfortante libre de
rencores y odios que emponzoñaran su
corazón.
El compañero José García emprendió a
muy temprana edad , cuando muchos
ahora en su juventud inflan su
vanidad y afán de gloria fácil, la
tarea difícil e incomprendida pero
innegablemente hermosa de trabajar
por la niñez peruana, es decir por
los niños pobres que carecen de la
educación y recreación a la cual
todos reconocen que tienen derecho
pero muy pocos hacen algo efectivo
por ellos. No construyó una escuela
más, lo que hizo fue más que eso,
logró dibujar en los rostros de los
niños y adolescentes que formó, esa
sonrisa que traducía no sólo el
cariño por su alma mater, sino
también la fé y la esperanza por un
mañana mejor donde impere el valor
para sostener principios con bondad
, generosidad y fraternidad además
de profunda disciplina espiritual ,
gran sentido de honestidad, de
responsabilidad y gran amor por el
trabajo. En las aulas de la CHAP no
tuvieron cobijo la ambición
desmedida, la vanidad fútil, la
amargura del resentido, la codicia
del amante del boato y del oropel,
ni la maldad que destruye al ser
humano . Por el contraio, el
compañero García sembró en todos
nosotros lo que debería ser el sino
de nuestras vidas tal y como reza en
el himno de la CHAP : ser "Heraldos
del amor"
Lo recuerdo, en el tiempo, como un
aprista cabal y auténtico discípulo
de Haya de la Torre cuyo mensaje
supo comprender y proyectar, con una
humildad y transparencia que todos
los que nos llamamos apristas
deberíamos imitar; no para
utilizarlo como parte de un discurso
hueco y oportunista, sino como
emblema permanente y tangible en
nuestro diario actuar. Debo confesar
que extraño ,con reverencia y
unción, los diálogos que sosteníamos
sobre la problemática del partido y
del país que él abordaba con tanta
precisión y serenidad que disipaba
mis dudas, decepciones y
frustraciones que le llevaba; y
sobre todo el colofón de aquellas
conversaciones ,cinceladas en oro,
que expresada como consejo y
recomendación orientaron mis
decisiones y participación como
dirigente del partido. No puedo
menos que recordarlo como maestro ,
palabra imposible de articular para
quienes no llenan los requisitos con
el riesgo de blasfemar; no sólo
autorizado por su gran cultura
resumida en su amor por los libros y
la música, sino también , y esto es
lo más importante, por que modeló
cual alfarero, que ama su obra, la
conciencia y la personalidad de
millares de hombres que bebimos de
sus enseñanzas y que hoy en la
nostalgia que me embarga rindo
sincero homenaje como testimonio de
gratitud por su vida y obra que
seguirá siendo señuelo para nuestros
hijos y para los hijos de sus hijos.
Para terminar, quiero sentenciar
con el mismo afecto y cariño que él
nos entregó, que mientras haya un
chapista vivo (no los falsificados)
su memoria siempre vivirá en el
corazón del pueblo por el que tanto
luchó y amó.
Hoy como en aquella tarde de verano
de 1985 que le dimos el último adiós
como a los héroes del partido, mi
corazón se inflama para gritar a
manera de jaculatoria
cívica:¡GRACIAS! ¡NUNCA TE
OLVIDAREMOS! ¡HASTA SIEMPRE
COMPAÑERO JOSÉ GARCIA ZEGARRA!
Jesús Guzmán Gallardo
abraham_v29@yahoo.com.mx