Este año
hemos recordado el 78º aniversario de la fundación de la sección del
APRA en el Perú, vale decir del partido aprista peruano, y decimos
recordado para evitar el vocablo celebrado, ya que no sentimos
cabalmente el ánimo y la satisfacción para hacerlo como en otras
épocas. Y esto no es sólo un decir sino que quiere resumir los
sentimientos de frustración y decepción al observar los acontecimientos
en estos casi dos años y medio del actual, “gobierno aprista”.
Al recordar
el acta de fundación con los principios que la animaron, así como
quienes lo hicieron en acto histórico, nos lleva a realizar,
inevitablemente, un acto de reflexión sobre el significado de la razón
de existir del partido , tanto como la consecuencia de quienes
prometieron jamás desertar ( tal y como reza en nuestra marsellesa).
Los que
fundaron el partido ,lo hicieron suscribiendo la interpretación de la
realidad, nacional y continental que propusiera Víctor Raúl Haya de la
Torre en su frondosa obra, que se sintetiza en la conformación del
frente de clases explotadas por el imperialismo y sus títeres de turno,
organizándolas y orientándolas a transformar las estructuras del estado
para alcanzar la tan anhelada justicia social, construyendo en
indoamérica la unidad política y económica, como forma eficaz de tratar
de igual a igual con el imperio, sea cual fuera su signo, y , en los
actuales momentos describiríamos al poder mundial monopólico que
eufemísticamente llaman la globalización.
Amén de
establecer el estado defensa y contralor de nuestras riquezas.
De la misma
forma, la joven organización política, se constituía en una escuela
permanente de valores, como la honestidad,el coraje y
la fraternidad; tan escasos hoy. Tanto así, que a pesar de la cárcel, el
destierro, la tortura y el asesinato; no pudieron doblegar la fé de
miles de apristas cuya conducta y sufrimiento sorprendió e impresionó al
mundo entero.
El país fue
testigo de innumerables jornadas, tachonadas de heroísmo, en defensa de
los derechos de los trabajadores, de los más pobres, de los marginados
por la plutocracia autoritaria y por ende fascista.
Mas aún, los
luchadores sociales apristas se convirtieron en adelantados de la
defensa de los derechos humanos constituyéndose en heraldos del amor
por sus semejantes ya que lo vivieron en carne propia y no en teoría
ausente de convicciones.
Es por eso,
que la cosecha de ahora que muchos desconocen, es el resultado de esa
lucha que hizo posible la derrota de las dictaduras y de los gobiernos
entreguistas.
Es así que
por todo esto, y muchas cosas más, observadas en los últimos 18 años,
que nos indigna y nos rebelan, las alianzas soterradas y nefastas con
el fujimorismo y la derecha antipatriótica que realizan quienes
desconocen, o se olvidaron interesadamente de la esencia del aprismo y
su historia. La corrupción que nunca pudo trasponer nuestras puertas,
hoy lo hace con la complicidad de dirigentes y parlamentarios que
traicionaron la ética y el ideal que juraron cumplir, convirtiéndose en
serviles sostenedores de las causas de los mas ricos.
Hoy más que
nunca debemos estar alertas, frente a quienes se nos acercan, e
infiltran nuestras filas, para satisfacer sus apetitos personales de
avaricia y codicia, que les permitan enriquecerse a costa del erario
nacional.
Además la
militancia debe fiscalizar, con valentía y sin dobleces, a quienes
detentan una función pública, por que el pasivo lo arrastrará el
partido, destrozando el sueño de quienes murieron con el postrer
pensamiento puesto en quienes, por su ejemplo, seguirían luchando con el
mismo desinterés personal, valentía y entrega hasta alcanzar la
victoria final.
Colocados en
esta disyuntiva es menester y urgente hacer un deslinde, frente al
abandono de las posiciones consecuentes con el pensamiento de Haya de la
Torre y de los apristas que coadyuvaron a la construcción de nuestra
ideología, para salvar al partido del descalabro total.
Serán las
nuevas generaciones, los jóvenes, quienes con su compromiso,
transparencia y generosidad deberán asumir, impostergablemente, la
sacrosanta misión de levantar los pendones de aprismo y de convertirse
en abanderados de la búsqueda de una nueva sociedad más justa, más libre
y más culta.
La fuerza de
los jóvenes y la experiencia de quienes a pesar de su edad conservan el
espíritu joven, y noble, constituirán la pléyade revolucionaria que
como en los albores de nuestro movimiento, arrojarán a los mercaderes
del templo y conducirán a los más necesitados a la justicia social
sembrando los campos de esperanza.
Jesús Guzmán
Gallardo
Ex Secretario General Colegiado
del Partido Aprista Peruano