Haya de
Ia Torre
sonrió y
respondió
sonriendo:
Aunque
todavía
queda
Víctor
Raúl
para
buen
rato,
hago con
Jorge
Idiáquez
lo que
el viejo
emperador
romano
hacía
para
recordar
su
transitoriedad".
"Jefe,
no
olvides
que eres
mortal",
me dice
Jorge
todas
las
mañanas.
Y por
eso, por
la
conciencia
de mi
precariedad,
como la
de todos
los
humanos,
cuido y
velo que
el
Partido
se
capacite
para
sobrevivir
al
fundador.
No
olviden,
que en
el Perú
los
partidos
han
desaparecido
después
dcl
funeral
de sus
creadores.
"Yo
quiero
que el
Aprismo
continúe
su
andadura
sin mí y
más allá
de mí.
Esta
será la
obra de
la nueva
hornada
de
dirigentes
jóvenes,
como
Uds. y
como
tantos
mozos
que me
garantizan
la
perennidad
de
nuestra
causa y
de su
apremio".
Hizo una
pausa,
mientras
se
agotaba
el
aplauso
de
ratificaciôn
del
público.
Creo que
habrá
Aprismo,
adaptado
críticamente
a los
tiempos
que
vendrán,
mientras
exista
imperialismo.
Aprismo
e
imperialismo
son
indesligables:
mientras
el uno
viva,
vivirá
el otro;
cuando
el uno
muera,
morirá
el otro.
Porque
el
Partido
no es
fin en
sí
mismo.
No es
una
entelequia.
El
Aprismo
es
herramienta
en las
manos de
los
pueblos.
Yo lo
creé
para que
fuera
instrumento
de lucha
contra
todos
los
imperialismos
que
arriben
a las
orillas
del Perú
y
América.
El día
que el
APRA
cumpla a
cabalidad
las
tareas
para las
que
nació y
vivió,
entonces
le harán
ustedes
el
grandioso
funeral
que
merece.
Yo no
estaré
entonces.
Como
Moisés,
solo
miraré
la
Tierra
Prometida
a la
distancia,
desde
una
lejanía
que va
acortando
su
término.
Pero
estarán
ustedes
con el
timón y
la
brújula
del
Partido,
cuando
mi
memoria
se haya
esfumado
como el
último
lampo de
una luz
que
ardió en
su hora
y se
apagó en
su hora,
sin
apurar
ni
retardar
el paso,
para
luego
emprender
su vuelo
a las
estrellas.